PROGRAMA DE COOPERACIÓN REGIONAL CON CENTROAMÉRICA

Rasgos Básicos de Centroamérica

En términos generales América Central es el nombre de la región geográfica entre América del Norte y América del Sur. Es comúnmente aceptado hoy día que América Central se extiende desde la frontera del sur de México, en Norteamérica, hasta la frontera de noroeste de Colombia, en Sudamérica.

Centroamérica está compuesta por siete países: Costa Rica, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras, Panamá y Belice, con una superficie acumulada de más de 500.000 m2 y una población de más de 35 millones de habitantes. Su ubicación la convierte en un gigantesco puente entre las masas continentales del Norte y Sur de América y entre el Atlántico y el Pacífico.

Desde el punto de vista físico, esta región posee una compleja historia geológica y una gran actividad volcánica que se pone de manifiesto a través de una serie de cadenas montañosas muy escarpadas y sus correspondientes cuencas. Dos grandes sistemas montañosos dominan esta región. El septentrional, que tiene su origen al sur de México, se extiende desde el istmo de Tehuantepec hasta los lagos nicaragüenses, para desaparecer en el mar Caribe. Este sistema es muy escarpado, con bloques de calizas y areniscas, profundos valles y grandes masas de granito que revelan los efectos de la erosión. El sistema meridional, por su parte, se inicia en Nicaragua y llega hasta Colombia, donde comienza la cadena montañosa de América del Sur. Este sistema es más angosto y está formado por mantos eruptivos recientes. Además, está dividido por una amplia depresión en Nicaragua, que forma una zona de tierras bajas en las que se ubican dos grandes lagos de agua dulce, el Managua y el Nicaragua.

El clima es tropical, húmedo y cálido, con temperaturas generalmente estables a lo largo del año y una característica división entre la temporada seca y la temporada de lluvias. Las temperaturas medias son elevadas, y tan sólo en determinadas zonas se suavizan merced a la altitud.

Las tasas de crecimiento de la población oscilan en torno al 2% anual, con datos bastante homogéneos en los distintos países. La tendencia a la concentración en las áreas urbanas es cada vez mayor. Comparando las tasas de crecimiento de la población en las áreas urbanas y rurales se advierte cómo el crecimiento en las primeras es muy superior (superior en muchos casos al 3%) y cómo Costa Rica, El Salvador y Panamá presentan inclusive crecimientos negativos para su población en áreas rurales. Estos datos se relacionan directamente con el problema de las condiciones de vida en las grandes ciudades a medida que la concentración de personas es mayor en ellas, generándose cinturones de pobreza que son ámbito abonado para problemas de delincuencia, violencia y ausencia de posibilidades de desarrollo.

En cuanto a la esperanza media de vida, se aprecian notables diferencias en función de los países. Desde los 78,13 años de esperanza media de vida en Costa Rica o los 74, 73 de Panamá se pasa a los 68,91 de Guatemala o los 69,48 de Nicaragua. El Salvador, Honduras y Belice también se mueven en torno a esas últimas cifras.

La siguiente tabla relaciona los datos de población y superficie de cada uno de los siete países de Centroamérica:

 

Superficie (km2) Población (miles habitantes)
Belice 22.965 264
Costa Rica 51.100 4.088
El Salvador 20.742 6.735
Guatemala 108.890 12.389
Honduras 112.088 7.174
Nicaragua 130.000 5.483
Panamá 77.082 3.228
Fuente: ICEX, censos


 

Porcentaje de
población urbana
Belice 48,6
Costa Rica 62,6
El Salvador 57,8
Guatemala 50,0
Honduras 47,9
Nicaragua 56,9
Panamá 65,8
Fuente: CEPAL, año 2005

En las estructuras poblacionales de Centroamérica predomina la diversidad. No obstante, se aprecian notables diferencias entre países. Así, en tanto en Guatemala la población indígena representa un grupo étnico y social importante y en Nicaragua y El Salvador cuenta con una significativa presencia, en Costa Rica y Honduras éste es casi inexistente.

Centroamérica se comporta de manera sumamente desigual en lo que a indicadores de desarrollo respecta. Así, en el índice de Desarrollo Humano que elabora Naciones Unidas las diferencias son significativas. Costa Rica, que ocupa el puesto 45, presenta uno de los índices de desarrollo más elevados de todo el continente. Panamá, con el puesto 61, también se ubica en una posición privilegiada respecto de los restantes países, que aparecen en el índice en puestos comprendidos entre el 99 (Belice) y el 121 (Guatemala) y que sí muestran entre sí una cierta homogeneidad. La situación en este punto es manifiestamente mejorable y constituye uno de los principales retos de la región.

Casi la mitad de la población centroamericana se encuentra en situación de pobreza, y un cuarto del total de la población en pobreza extrema. La incidencia del fenómeno es incluso mucho mayor en el campo, donde vive el 67% de los pobres de la región y el 76,6% de las personas en condición de pobreza extrema. Con importantes diferencias entre países, 3 de cada 5 hogares presentan al menos una necesidad básica insatisfecha. La estadística de porcentaje de la población que vive con menos de dos $ /día, elaborada por el Banco Mundial, subraya estas mismas diferencias. En Nicaragua este porcentaje casi alcanza el 80% de la población, en tanto en Costa Rica apenas es del 8%. La existencia de una fuerte desigualdad en la distribución del ingreso en la región implica por añadidura que, para reducir la pobreza, se requerirán mayores tasas de crecimiento económico que las actuales.

Por otra parte, el 26,7% de la población centroamericana mayor de 15 años es analfabeta, y el 46,8% no cuenta con educación primaria completa.

En la tabla siguiente se expone el cuadro comparativo de datos de desarrollo para cada uno de los siete países:

INDICE DE DESARROLLO HUMANO (puesto) PIB POR HABITANTE ($) PORCENTAJE DE LA LÍNEA DE POBREZA PORCENTAJE DE LA POBLACIÓN MENOS DE 2$/DÍA
Costa Rica 45 4371,7 20,3 8,18
El Salvador 103 2341,5 48,9 40,15
Guatemala 121 2204,9 60,2 32,6
Honduras 115 1050,8 77,3 36
Nicaragua 118 836,5 69,3 79,9
Panamá 61 4478,0 34,1 17,4
Fuentes: ONU, Banco Mundial, CEPAL, año 2005

La ayuda internacional y la aplicación de mecanismos financieros que favorezcan la implantación de planes de desarrollo resultan imprescindibles de cara a garantizar un avance en aquellos aspectos necesarios para salir de la actual situación. Los niveles de crecimiento son en los últimos años buenos en general; sin embargo, las deficiencias estructurales dificultan su incidencia en la calidad de vida del conjunto de la población de la región. Las desigualdades, tanto entre los diferentes países como dentro de cada uno de ellos, constituyen otra característica que coadyuva a que se perpetúe la actual situación.

Las estructuras productivas de los países de la región han sido siempre muy homogéneas. Si entre 1821 y 1950 imperaba un modelo primario-exportador, basado en la producción del café y de banano, y entre 1950 y 1989 se pasaba a un modelo primario-exportador doméstico-industrial (o de industrialización por sustitución de importaciones), a partir de principios de los noventa se empezó a conformar un modelo basado en la exportación de productos muy diversos.

La agricultura es todavía la base de la economía de Centroamérica: ocupa a una gran parte de la población activa y constituye el núcleo principal de las exportaciones. Tiene gran importancia la agricultura "de plantación", con cosechas como el café, la caña de azúcar, los bananos y el algodón. El grado de dependencia de estos cultivos tradicionales es muy alto. No obstante, incluso en este punto existen diferencias entre los distintos países: mientras que el café ha sido el principal producto de exportación en Costa Rica, El Salvador y Guatemala, en Nicaragua tiene un peso marginal y Honduras prácticamente ni produce ni exporta café, y mientras el banano ha sido el otro gran producto de exportación, sobre todo para Honduras y Costa Rica y en menor medida para Nicaragua y Guatemala, en El Salvador no hay producción de banano para la exportación.

El sector primario experimenta, sin embargo, un descenso en cuanto a su peso específico en las economías de estos países, produciéndose cierta traslación hacia el sector secundario (industrias manufactureras) y sobre todo hacia el sector terciario. Este último está adquiriendo progresivamente una importancia notable a partir de los incrementos del turismo, y más de la mitad del PIB de la región corresponde a este sector que por añadidura cada vez da trabajo a un porcentaje mayor de la población activa.

Costa Rica y Panamá son las economías más desarrolladas del istmo. En estos dos países vive una quinta parte de la población de Centroamérica con un PIB per cápita que prácticamente duplica al de los restantes países de la región. Costa Rica es el mayor exportador del área y, aunque sólo una parte pequeña de sus exportaciones se dirige hacia la región, este volumen es lo suficientemente importante para convertirlo en uno de los principales socios comerciales de los demás países. En contraste, Nicaragua y Honduras presentan un PIB por habitante que apenas se sitúa en el entorno de los 1000$ (Nicaragua no alcanza aún esa cifra), la cuarta parte que en Costa Rica y Panamá.

 En un término medio se ubican dos países que concentran casi la mitad de la población de Centroamérica (El Salvador y Guatemala) y que, no obstante tener a su haber la mitad de la producción regional registran un PIB per cápita que asciende a tan sólo la mitad del de Costa Rica y Panamá. Guatemala, el país centroamericano más grande, con una población tres veces mayor a la costarricense, tiene una economía cuyo tamaño es aproximadamente 1,4 veces la de Costa Rica.

La mayor parte de los intercambios comerciales de la región tienen como contraparte a Estados Unidos. El comercio intrarregional, favorecido por la tendencia hacia la liberalización, se está incrementando, aunque permanece aún lejos del potencial que podría desarrollar apoyado por las dinámicas de integración regional. Los intercambios comerciales con la Unión Europea tampoco son muy elevados. Las importaciones de bienes superan a las exportaciones en todos los países, generando un déficit en el balance comercial que apenas se atenúa en países como Costa Rica, Belice o Panamá con el superávit por el intercambio de servicios. Y es que uno de los retos principales de la región, al que puede contribuir significativamente el esfuerzo de integración, es el de la inserción con más fuerza en las redes de comercio internacional, adquiriendo un mayor peso específico y reduciendo sus actuales dependencias.

PIB Incremento PIB Exportaciones bienes (FOB) Importaciones bienes
(FOB)
Balance comercial (bienes y servicios)
Belice 1.041,3 4,6% 299,0 480,8 - 128,6
Costa Rica 18.377,5 4,1% 6.369,7 7.832,7 - 530,2
El Salvador 14.242,2 1,8% 3.329,6 5.948,8 - 2.728
Guatemala 21.162.1 2,6% 3.429,5 7.189,1 - 3.875
Honduras 6.900,7 5,0% 2.411,2 3.678,5 - 1.491.3
Nicaragua 4.403,6 5,1% 1.362,9 2.451,7 - 1.198,4
Panamá 13.391,6 7,5% 5.885,6 7.470,9 - 289,9
Fuente: Anuario estadístico CEPAL, año 2005


 

Inflación Deuda pública
 % PIB
Inversión extranjera directa % Gasto social sobre PIB
Costa Rica 13,7 37,3 556,7 18,5
El Salvador 4,6 37,8 458,5 7,2
Guatemala 9,1 17,6 154,7 6,1
Honduras 8,8 53,1 293,0 13,1
Nicaragua 9,4 91,9 185,6 9,0
Panamá 2,8 64,8 1012,3 17,7
Fuente: CEPAL, año 2005

Se hace necesario seguir avanzando hacia una mayor estabilidad macroeconómica. Hay que recordar en este sentido que la región viene de un contexto difícil de conflictos en el que varios países padecieron guerras civiles. Las economías de la región partían de un importante deterioro. Los años noventa, en este sentido, significaron el retorno de la esperanza a la región, ya que tras aplicar políticas de estabilización y ajuste estructural  las economías de la región iniciaron una senda de crecimiento. A partir de ese momento, la estabilidad política y económica de la región ha permitido el retorno de la inversión a estos países consolidando las bases para un futuro más halagüeño.

La catástrofe del Huracán Mitch que en 1998 asoló la región supuso un nuevo golpe para las posibilidades de desarrollo; con diferente incidencia en los distintos países (Honduras y Nicaragua fueron los más afectados) se produjo un notable retroceso en los niveles de desarrollo de las infraestructuras físicas, económicas, sociales y ambientales, con casi 10.000 víctimas mortales directas y pérdidas valoradas en 3.484.662 millones de dólares. Centroamérica hubo de recuperarse, con el importante apoyo de la ayuda internacional, de la contracción de la producción y la destrucción de infraestructura productiva que supuso el paso del huracán.

La tasa media de crecimiento de la región se sitúa actualmente en torno al 5% y tan sólo Nicaragua y El Salvador se rezagan con incrementos muy inferiores. La inversión extranjera directa está aumentando, aunque todavía no se aprovecha toda la potencialidad de que serían susceptibles estos países. La inflación o la deuda, por el contrario, ofrecen datos más desalentadores. A excepción de Panamá y El Salvador, cuyo incremento de los precios está bastante controlado, los restantes países de la región se mueven en una tasa de inflación cercana al 9%, destacándose el 13,7% de Costa Rica que lo configura como el principal problema macroeconómico actual de este país que en tantos aspectos se eleva sobre la media de la región. La deuda pública, por su parte, muestra notables diferencias entre países: Guatemala apenas tiene un 17% de deuda sobre el PIB en tanto que en Nicaragua la deuda pública es casi el 92% del PIB.

El desempleo y la informalidad son dos problemas recurrentes que caracterizan el contexto social y económico de la región. El porcentaje de desempleados sobre la población activa comprende desde el 4,4% de Honduras o el 4,7 de Nicaragua, hasta el 10,7% de El Salvador o el 9,1% de Belice, pasando por el 6,9% de Costa Rica y el 7,3% de Guatemala.  Las cifras oficiales, no obstante, deben ser contrastadas con cautela, pues el subempleo –tanto visible como oculto- está bastante extendido. La población activa (que comprende no sólo los que no pueden trabajar por edad o por impedimentos físicos o enfermedades sino los que no lo desean –lo que incluye aquellos que permanecen en el hogar o desarrollan actividades sumergidas- es asimismo baja, por lo que el desempleo sobre el total de la población es muy elevado.

La escasez de alternativas laborales sólidas facilita el incremento del subempleo y de las ocupaciones precarias, y favorece un flujo de migración que no se desarrolla en las condiciones más favorables. Urge acometer, en consecuencia, acciones facilitadoras de la inserción laboral que arranquen desde la misma base del sistema educativo, reduciendo las tasas de abandono y el porcentaje de población que no accede siquiera a la educación más básica.

Las políticas de inversión social se hacen imprescindibles en este contexto para incrementar las capacidades de la población. Sin embargo, la inversión social de países como Guatemala, El Salvador y Nicaragua, como porcentaje del PIB, figura entre las más bajas del continente .Uno de los aspectos que más contribuyen a lastrar las posibilidades de inversión de los países es la insuficiente base tributaria que limita los recursos fiscales.

El fortalecimiento de las instituciones públicas constituye asimismo otra necesidad perentoria en aras a consolidar un funcionamiento más eficiente. Al mismo tiempo adolecen las instituciones de cierta falta de recursos cuya subsanación constituye un esfuerzo perentorio, lo cual no obstante no minimiza en modo alguno los esfuerzos de la región para desarrollar Estados democráticos de derecho.

 La situación política ha sido y sigue siendo un elemento de especial relevancia en la contextualización de las condiciones de vida de la región. Los frecuentes conflictos y déficit democráticos fueron en años precedentes un obstáculo ineluctable para el desarrollo de la región y para la mejora social y económica.

Hoy en día se avanza hacia la consolidación de la seguridad democrática como inseparable de la dimensión humana. En este sentido existe un acuerdo en subrayar que es imperante “dirigir la solución de los problemas dentro de una visión comprensiva e interrelacionada en todos los aspectos del desarrollo sostenible de Centroamérica, es decir, tomando en consideración las  manifestaciones políticas, económicas, sociales, culturales y ecológicas”.

Los países se encuentran convencidos hoy en día de que la promoción de los valores éticos, la transparencia y la práctica de rendición de cuentas en la gestión pública, constituyen baluartes para el fortalecimiento de la institucionalidad democrática y el desarrollo humano en la región. Y coinciden en considerar la corrupción como un obstáculo que frena los esfuerzos para el desarrollo, la gobernabilidad y el combate a la pobreza, incidiendo en su erradicación como condición ineludible para garantizar una mejor calidad de vida a los pueblos y fortalecimiento de la confianza ciudadana en las instituciones públicas.

La transparencia de la Administración pública y la promoción de reformas estructurales que generen condiciones para una gestión pública eficiente y eficaz son dos objetivos cuyo cumplimiento debe acometerse para una correcta administración de los recursos que redunde finalmente en un mayor desarrollo y en una mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos de la región.

La integración regional aparece en este contexto como un instrumento fundamental para encarar la consolidación de Centroamérica con dinámicas de modernización de las estructuras productivas, de mejora de la competitividad y de recomposición de las economías nacionales y regionales en el actual contexto internacional globalizado, favoreciendo de este modo el desarrollo social y político y en definitiva la mejora de las condiciones de vida de los ciudadanos de la región. Para ello será necesario superar el inconveniente de las propias desigualdades internas: a diferencia de otras zonas del mundo donde están en marcha procesos de integración (Europa, por ejemplo), en Centroamérica los países más grandes no son los económicamente más avanzados, y los menos desarrollados no son los de menor tamaño, que por añadidura se encuentran enclavados en el corazón del área. Será preciso, pues, equilibrar el desarrollo sin que los progresos de los países más avanzados queden comprometidos por el retraso de otros. Y aprovechar las sinergias con que un proceso de integración regional contribuye a dar fortaleza a la zona.


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